Señor Jefe-Paquetero

(Deutsche Version, Warum Spanisch?)

El ser humano, por naturaleza, no es en absoluto perezoso: quiere realizar algo y luego consumir el cumplido. Encontré la prueba de ello cuando, en los años sesenta, siendo alumno de liceo, pasé cada verano un mes trabajando en el centro de distribución de paquetes de Correos.

Mis colegas, naturalmente, intentaban hacer tolerable aquel trabajo interminable y absurdo, que no producía ninguna pieza tangible, transformándolo en un exigente juego de Tetris tridimensional.
De las cintas que corrían a diestra y siniestra por encima de nuestras cabezas, se deslizaban hacia nosotros paquetes de formas y tamaños imprevisibles. Según las reglas del Tetris empujapaquetes, debíamos colocar la mayor cantidad posible de paquetes en el menor número posible de carretas, que empujábamos, una vez realmente cargadas, hacia otro lugar según su destino.

Cada uno de estos medios de transporte se convertía así, temporalmente, en portador de una manifestación del poder creativo humano —solo para perder esa dignidad en cuanto los paquetes eran cargados en los coches de reparto.
La reagrupación de los paquetes se hacía bajo la dirección de un veterano experto a quien los demás llamaban con gran deferencia Señor Jefe-Paquetero, porque sabía exactamente qué paquetes debían ir en qué coche.

*

Claro que la vida posterior trajo consigo muchos desafíos y oportunidades de realizar hazañas, pero hasta hoy sigue teniendo efecto lo que experimenté de adolescente en aquel centro de distribución.
Y cuando llega el momento de hacer las maletas —ya sea la mía o la de mi esposa— se requiere de nuevo mi pericia en Tetris tridimensional. Y una vez obrado el milagro paquetero, exijo con toda justicia el reconocimiento de mi media naranja:
¡Trátame de Señor Jefe-Paquetero!

Y aun ahora, ya jubilado, se hace notar la necesidad de crear orden ahorrador de espacio. Se trata ahora de rellenar el pastillero, produciendo la mayor cantidad posible de blísters vacíos y procurando tener que devolver a sus cajas la menor cantidad posible de blísters empezados.
Desechar el embalaje me proporciona una satisfacción profunda —la misma que sentía en aquellos tiempos, cuando empujaba carretas repletas de paquetes…


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